21/8/15

y el copo de nieve seguía creciendo

a propósito del cumpleaños del Matías


“Eres demasiado subjetiva para estar en el Partido Comunista, nena”
me dijo un exnovio al que quise mucho alguna vez, en forma de halago, claro,
y en esta madrugada pienso, demasiado subjetiva para tatuarme el nombre de ese novio de dos semanas en el dedo anular de la mano izquierda, demasiado subjetiva para tener un bebé sin saber nada de bebés, claro, te dicen que el instinto maternal y tal, nace el bebé le das el chucho, crecen, pero no señores, somos animales culturales, botados al mundo así de maltrechos y malheridos, un mundo que se golpea contra el vidrio de la televisión; las noches que lloraba por no saber ser mamá, por no saber ser novia, por no saber ser militante, por no saber qué mismo terminaría siendo.



La mujer no nace, se hace dice la Castor, y yo agregaría, mamá no nace, se hace.  
No he escrito un post en mi blog, tanto tiempo, tal vez porque temía enfrentarme al espejo, mis últimos posts hablaban contra el amor heteronormativo, y me encontraba en una relación, ¿me había vendido otra vez? Una y otra vez subía la piedra a la montaña que volvería a rodar, (a veces la piedra y a veces la montaña).

El Matías dice que juguemos y no puedo como aconsejan los maestros espirituales entregarme al momento a jugar, pienso, me da ansiedad, no puedo dormir, cómo ser mamá al día siguiente, cómo organizar de mejor manera los días para mi hijo y no puedo tal vez disfrutar el ahora, carpe diem.
Oh confusión, procrastinación, maldita incertidumbre. Y aún así, él crece limpio, puro, y justo en estas semanas a punto de cumplir tres años, él me dijo:
-          Mamá, yo soy hombre o mujer? Hombre, le dije, porque tienes pene.
-          Entonces, quiero ser mujer mami, porque quiero pintarme las uñas y la abuelita dijo que solo las mujeres se pintan las uñas.

Querido hijo mío, bolita pequeña de la felicidad, esferita del poder, peinado de Gokú, puedes ser lo que quieras y hacer lo que te dé la gana, no necesitas ser nada ni demostrar nada a nadie, somos personas, y más aún, eres un niño y los niños deben hacer lo que les de la puta gana. 

-          Quisiera ser menos nerviosa, menos celosa, menos paranoica, -dije-.
-          Pero no podemos cambiar de un rato para el otro, tal vez tu hijo será más libre que tú, -dijo el psicólogo-, las estructuras mentales son cagadísimas de cambiar, intenta cambiar pequeñas cosas en tu día para estar más tranquila, y como sabes bien el amor es una mierda.

Hermoso milagro que hace tres años me destrozó y me construyó, eres mejor que este universo destrozado a punta de encontrones de esta sociedad capitalista, y yo te ayudaré a que hagas de estos días un hogar para que vivas tranquilamente, y el día en que llegues triste, borracho, roto el corazón a buscar a tu mamá, te abrazaré, lloraré y te diré como dijo el aburrido Benedetti, el mundo es incontable, en todo caso, es provincia de ti.



A punto de cumplir estos locos tres años, el Matías me pregunta sobre quién es ese señor con barba y por qué está en la pared, le explico en forma sencilla es Marx, y ¿es bueno o malo? Es bueno, mi amor, porque dice que todos debemos ser iguales, y me pregunta y le respondo; y así mientras aprendo a explicar las cosas sin extenderme, sin palabras complicadas, sin eufemismos, sin enrededarme, aprendo a explicarme a mí misma, a entender otra vez el mundo y a cagarme de la risa porque me dice: - Gaby, ¿por qué no se para el motor de la gatita? – Máma, ¿por qué la Luna me sigue?, Mami, ¿por qué te dicen Gaby Chendo?, - Mamá, ya no me gusta esto de orinar, me quita mucho tiempo.

1 comentario:

Gabriela Torres dijo...

Siempre tu sinceridad me hace sentir menos sola y menos loca y totalmente identificada! Nunca dejes de escribir porque la locura de lo subjetivo hace el mundo mas humano y mas vivible